Por Jimy Cruz Camacho*
Se repite con cierta frecuencia
que, de llegar a la presidencia el candidato Andrés Manuel López Obrador (AMLO)
sería un peligro en materia económica para México. En primer lugar debemos
recordar que en México a diferencia de muchos otros países la política
monetaria la establece y la ejecuta el banco central (Banco de México), el cual
es autónomo y tiene como mandato constitucional preservar el poder adquisitivo
de la moneda y por ende controlar la inflación. Dicha institución se rige por
una Junta de Gobierno y no la puede cambiar a su antojo el Presidente de la
República ya que sus integrantes han sigo elegidos por periodos
constitucionales de 6 y 8 años. De hecho López Obrador ha declarado que de llegar
a la presidencia él será respetuoso de la autonomía del Banco de México. Por
otro lado, el presupuesto de ingresos y egresos de la Federación (y por tanto
el eje central de la política fiscal) la propone el presidente (vía la
Secretaría de Hacienda y Crédito Público) pero su aprobación y discusión tiene
que pasar forzosamente por la Cámara de Diputados, órgano del Estado donde la
pluralidad está garantizada. De hecho los diputados emanados del PRI y del PAN
(abogados y economistas) frecuentemente integran las comisiones de
Hacienda y Presupuesto y Cuenta Publica de la Cámara de Diputados. El
gran tema es cómo se asigna y distribuye ese presupuesto. Por otro lado, los
integrantes del gabinete económico que ha designado López Obrador son
economistas muy preparados y parecen inclinarse por mantener los indicadores
macroeconómicos bajo control. El tipo de cambio peso-dólar es flotante desde la
crisis de diciembre de 1994 y hoy está sujeto a las fuerzas del mercado y no al
capricho del presidente.
En adición, México hace muchos
años dejó de ser un régimen presidencial rígido y hoy en día hay órganos de la
iniciativa privada (diversas cámaras empresariales tales como el Consejo
Coordinador Empresarial, la Coparmex, Canancintra, etc) órganos de la sociedad
civil organizada, universidades con centros de investigación muy prestigiados y
existe todo un andamiaje constitucional, tratados internacionales, leyes y
reglamentos que harían imposible que el Ejecutivo Federal imponga por la fuerza
sus visiones en materia económica quien sea que gane la presidencia.
Lo que sí se aprecia como algo
urgente es poner en la agenda de la administración pública el combate a la
corrupción, mejorar la distribución del ingreso y por supuesto fortalecer el
estado de derecho para combatir la violencia. ¿Temas controvertidos de AMLO?
Muchos. Entre ellos, la constitución moral, amnistía a delincuentes,
cancelación del NAIM (quizá se entiende por el hervidero de corrupción que se
vislumbra ahí pero no se justifica por la señal que una decisión de esa naturaleza
enviaría a los inversionistas), echar para atrás las reformas energética y
educativa sin plantear algo concreto en su lugar, aunque también habrá que
aclarar que el cambio de esas reformas tampoco dependen del Presidente sino del
Congreso. No es por lo tanto nada evidente que si gana AMLO habrá devaluación,
crecimiento de la deuda, inflación, desempleo, etcétera. De hecho ha habido más
devaluación, inflación, crecimiento de la deuda, crecimiento de la pobreza y
desempleo en los últimos dos sexenios que en periodos anteriores.
¿Coyuntura internacional, error en las decisiones de política monetaria y
fiscal? Habrá que estudiarlo.
Bien valdría la pena recordar que
los gobiernos emanados de PAN y del PRI han sido tan excéntricos como los
regímenes de Castro, Maduro y Chávez que tanto asocian con López Obrador, cito
algunos ejemplos: mas de 60,000 muertes dolosas por sexenio, casi igual numero
de desaparecidos, somos el país con el mayor número de asesinatos a
periodistas, entre los desaparecidos hay muchos estudiantes y eso duele
bastante ya que cuesta trabajo entender un país donde se mata y
desaparece a esa clase que representa la esperanza de la nación.
Recordemos también que funcionarios de todos los niveles de gobierno han sido
protagonistas de millonarios desfalcos en SEDESOL, SAGARPA, multimillonarios
desvíos desde los gobiernos priistas de Veracruz, Chihuahua, Quintana Roo,
Coahuila y un largo etcétera. También causa cada vez mayor alarma el uso y el
abuso que se ha hecho de las instituciones del Estado para favorecer intereses
particulares. Destacan la Secretaría de la Función Pública para exonerar al Presidente
de la República de lo que parece ser un conflicto de interés por el aberrante
tema de la Casa Blanca, el uso de la PGR contra un candidato presidencial, de
las Autoridades Electorales para exonerar al actual Presidente por actos
ilícitos cometidos durante su campaña.
Poniendo las cosas en la balanza
no todo ha sido negativo en los sexenios del PAN y del PRI. Se ha avanzado en
el bienestar material de las familias, la libertad de expresión se ha mantenido
aunque con claroscuros alarmantes, se ha mantenido la estabilidad
macroeconómica y con ello México ha atraído un cuantioso volumen de inversión
extranjera. Quizá ésta ha sido la razón por la cual el descontento
popular no se ha canalizado por otras vías.
Sin embargo también hay
claroscuros alarmantes. Recordemos que el principal atributo de un Estado
consiste en que sea fuerte, garantice la seguridad de los ciudadanos y aplique
la justicia ejerciendo al mismo tiempo el monopolio de la violencia. Ese Estado
también debe garantizar la libre competencia y la libre concurrencia de los
agentes en la economía. En Mexico funciona exactamente al revés, no hay
seguridad, cualquiera es libre de ejercer la violencia contra los demás,
vivimos en un entorno de profunda injusticia (no sólo en el ámbito formal
legal, sino también en el social y económico). En el terreno propio de la
economía nos dominan los monopolios en un gran número de industrias, tales como
en telecomunicaciones, entretenimiento, cemento, combustibles, electricidad,
incluso hasta el pan y las tortillas están regidos por competidores
predominantes. El daño que lo anterior causa a la economía nos
cuesta a todos los mexicanos e incluso disminuye la competitividad y limita
nuestro crecimiento. Recibimos productos y servicio en muchas ocasiones de
pésima calidad a precios exorbitantes. ¿Quien paga la factura de los monopolios
y las grotescas fortunas de sus dueños? El consumidor. ¿Quien paga la factura
de la corrupción? El contribuyente. Solo habría que recodar que consumidor y
contribuyente somos las mismas personas. Es así como nuestro país se acerca
peligrosamente a ser caracterizado como una estado fallido con índices
alarmantes de descontento social.
Este es desde mi punto de
vista el verdadero peligro para nuestro país. ¿AMLO no es la solución?
No lo sé, pero por lo pronto en la boleta electoral este 1 de julio sólo tendremos
dos opciones, más PRI y PAN o nuevo partido en la Presidencia de la República.
Dejemos la decisión en manos de los electores, pero no de esas
fuerzas obscuras que hoy de desviven desesperadamente en campañas de odio
y desinformación.
*Consultor,
economista por la UAM-Iztapalapa, estudios en business analysis and valuation
por la London School of Economics and Political Science y Maestria en Filosofia
por el ITESO en curso.
Estimado Jimy: Sin duda tus razones son correctas, pero son las mismas que impediran un cambio verdadero. Será solo el inicio del desarrollo del país.Hay dos textos de los que te pediría tu opinión:
ReplyDeletehttps://donpiosemu.blogspot.mx/2018/02/sistema-economico-globalizado-s-xxi.html
Este es la mejor explicación de lo que ha sucedido en Economía en 6 décadas que he encontrado.
El que sigue fundamenta lo que es necesario para el desarrollo inicial de cualquier país:
https://donpiosemu.blogspot.mx/2017/01/producir-y-consumir-para-nosotros.html
Encontrarás otros que preveén en 1946, lo que sucede hoy:
https://donpiosemu.blogspot.mx/2018/02/crisis-mexicana-dependencia-y.html
Y otros referentes a nuestra crisis.
Espero tus comentarios y tus puntos de vista.
Gracias. Los leeré con atencion. Saludos.
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