La idea en síntesis: El conocimiento de nuestro mundo ésta lleno de sombras.
Podemos dudar absolutamente de todo, pero de lo único que no podemos dudar es de
que dudamos y si dudamos pensamos, por lo tanto existimos.
La alegoría de la caverna de Platón.
Hombres que están desde la infancia
encerrados y encadenados en una caverna sin poder moverse ni ver más allá de lo
que ésta “delante” de ellos. Atrás de ellos una fogata y entre el fuego y ellos
pasan hombres cargando figuras, estatuillas y ciertos objetos de todo tipo. Las
sombras que pasan delante de ellos es lo único que estos hombres han visto y
oído y en lo único que han pensado a lo largo de su vida.
Imaginemos ahora que algunos de esos
hombres son liberados, al principio caminarían dudosos dentro de la caverna,
saldrían a la luz del día y del astro más luminoso que hay en el cielo que es
el Sol. Conocerían una realidad distinta y después descubrirían con asombro que
lo que habían visto eran meras proyecciones. Concluirían que las estatuillas no
hablan y que son objetos inanimados. [1]
Las personas dentro de la caverna
representan a los ignorantes, el que sale de ella a los filósofos que intentan
llevar el conocimiento de la verdad de regreso a sus compañeros (¿Probablemente
Platón pensó en Sócrates?), el fuego en la caverna representa al sol, el mundo
de afuera, claro y perceptible es el mundo de las ideas y el sol representa a
Dios, como ser supremo y fuente de la verdad verdadera. En ésta alegoría se
aprecia claramente una distancia, una tensión constante un divorcio y un
marcado contraste entre el mundo de los sentidos y el mundo del intelecto. [2]
Descartes: Meditaciones Primera, Segunda y Tercera
Descartes establece que ha recibido como
verdaderas opiniones que son falsas y que no pueden ser fundamento de ningún
conocimiento más que en un plano dudoso. Se plantea la posibilidad de que todo
a su alrededor es falso y que sus sentidos lo engañan y que por lo tanto la
realidad tal como la percibe es sólo una representación falsa de la realidad
verdadera.
¿Cómo podemos estar seguros de que lo que
conocemos es verdad o es real si los sentidos parecen engañarnos todo el
tiempo? ¿Es nuestra inteligencia una fuente confiable cuando la hemos basado en
conocimientos llenos de prejuicios y supuestos engañosos? Si nuestro
conocimiento esta basado en supuestos que no son verdaderos Descartes propone
poner en duda absolutamente todo conocimiento adquirido como “verdad” en el
pasado. De ese espíritu dudoso tendría que surgir la necesidad de creer por lo
menos en algo, es decir que por lo menos lo que duda es un algo. Por lo tanto,
Descartes nos indica que podríamos dudar absolutamente de todo a nuestro
alrededor, pero no podemos dudar de que dudamos y si dudamos pensamos, entonces
por ello existimos.
Da qué pensar[3]:
¿Hemos llegado realmente a “descartar” que
el mundo que nos rodea no esta lleno de sombras? ¿Veremos realmente sombras y
en esa medida sólo percibimos una parte
del conocimiento? ¿Es el conocimiento algo asequible para nosotros o sólo una
convención o una serie de supuestos generales en los que nos vemos forzados a
creer? ¿Realmente podemos decir que ese algo que duda es un algo? ¿Y si un
genio maligno nos ésta haciendo pasar por un experimento en el cual nosotros
estamos engañados pensando que pensamos y que dudamos? ¿Y si estamos en un
sueño o inmersos en un programa de computadora viviendo una realidad virtual?
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